El minimalismo orgánico emplea elementos biomórficos, que  armonicen y se integren con el medio natural para el que hayan sido diseñados. Las formas irregulares y sinuosas, los colores neutros y suaves, aportan tranquilidad y emociones positivas para sentirnos cómodos en el entorno que nos rodea.

Como resultado, el minimalismo orgánico es una corriente cultural inspirada con el minimalismo en relación con la naturaleza.

Irene Val, arquitecta paisajista interesada en el Minimalismo, intenta hacer un cambio sociocultural para fusionar el Minimalismo y la naturaleza. Lo  denomina  Minimalismo Orgánico, como un nuevo concepto de arte para introducir metáforas entre los materiales empleados y el medio ambiente, al que se quiere proteger.

La ruptura de la tradición cultural hace posible la transformación del arte para poder relacionar con la naturaleza y reducir la preocupación medioambiental. Efectivamente, falta esa estética artística, de forma que hay que actuar sobre la naturaleza, resolviendo los problemas estéticos y ecológicos que provoca esta actuación.

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